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El chef de Brisa Marina (Playa Blanca, Lanzarote) cierra por todo lo alto la serie de Cenas de una Noche de Verano del Chiringuito Tropical
Se acabó. El 30 de septiembre finalizó oficialmente el verano en Lanzarote. Según el calendario gregoriano, por el papa Gregorio XIII, el estío había finalizado una semana antes, el 23. Según el primer calendario que tuvimos, el juliano, por Julio César, por ahí, por ahí. Según el calendario luisbenitense, de Luis Benito, alma mater del Chiringuito Tropical (Playa Blanca, Lanzarote), el verano termina cuando el descollante chef Germán Blanco sirve la última de la serie de las Cenas de una Noche de Verano que ofrece el emblemático lugar.
Y en este 2024 no ha sido una excepción.
Blanco, que se oficia en el Brisa Marina, en pleno pueblo de Playa Blanca, al sur de la isla conejera, desembarcó en el Chiringuito de su amigo Benito y, a la estela de su bien ganado prestigio, atrajo a medio centenar de comensales, alguno de los cuales había reservado plaza un año antes. Y no es un decir.
La última Cena de una Noche de Verano estaba a punto de comenzar. Y, en cuanto llegó a la mesa el primer pase -una Coca hojaldrada, tiradito de jurel, mojo palmero y aguacate cevichado- dio inicio un acompasado servicio, de impecable ejecución, que más se asemejaba a una filarmónica interpretando un vals, que a un personal de sala (o de jable) completando pases.
La ovación final, coincidiendo con el Trampantojo (The Big Mac, hamburguesa parece, otra cosa rica es), que viene a ser a la cocina de Germán Blanco lo que la Marcha Radetzky al concierto de Año Nuevo de Viena, dejó bien a las claras que para 2025 hay que reservar ya.
La última Cena de una Noche de Verano daba la oportunidad de maridar los pases con los trabajados vinos de la Bodega Erupción, de Tao, cuya enóloga y propietaria, Amor López, presentó como se presentan las grandes piezas musicales: con todo lujo de detalles, sin omitir nota alguna. Luego nos enteraríamos que en sus tiempos preuniversitarios se había codeado con el rock. Pero esa es otra historia.

Nuevas sillas azules y homenaje al Majorero
Del mar, el mero; de la tierra, el cordero y de Lanzarote…»¡Juan, El Majorero!«, exclamó al unísono el coro de comensales, previamente advertido por el director del liceo del Chiringuito Tropical, Luis Benito. Así se daba forma al sencillo y sentido homenaje a Juan Cabrera, Juan El Majorero, empresario y propietario del citado Brisa Marina, toda una institución en la restauración de la isla, que mostró su sorpresa y agradecimiento por la distinción.
De iz. a dcha: Amor López, Germán Blanco, Luis Benito, Juan Cabrera y Gladys Acuña
Antes de concluir esa última Cena de una Noche de Verano, la ex alcaldesa de Yaiza, Gladys Acuña, y la propietaria de Bodega Erupción, Amor López, entraron a formar parte de quienes tenemos el honor y el privilegio de tener una silla permanentemente reservada en el Chiringuito Tropical. Un pequeño trofeo, con silla azul, emblema del Chiringuito, lo atestigua.
Descontando días para cuando se alce el telón de las Cenas de una Noche de Verano de 2025. Empieza a ser obligado haber pasado por allí, al menos, una vez en la vida de cada cual.




