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No en estos últimos tiempos, sino desde hace años, me rondaba en la mente este ejercicio estrictamente personal de «El Único Plato», que ahora detallo y que con el primer pase cobra vida.
Antes que nada, y de fundamentar de qué trata esta sección que acoge platocanario.es, concretamente su director Jaime Puig, quiero puntualizar que esta profunda convicción, que por fin y de una vez cobra forma, la voy a acometer con una sanísima libertad en la mochila personal y periodística. Aquí solo aparecerá lo que me parezca reseñable, de grandes y pequeñitos espacios gastronómicos de aquí y allá; sin obligaciones, sin pontificar y ni tanto así de rastros de autosuficiencia.
En realidad, «El Único Plato» parte —con estas motivaciones que encabezarán de forma perenne la sección— de la fatiga. Yeah, del puro cansancio que se genera, como pueden imaginar, del desempeño de la labor periodística profesional. Menús degustación interminables o muestras extensas de estilos, conceptos, products, maridajes… Todo concentrado en almuerzos y cenas próximas en el tiempo.
A pesar de presuponer que los periodistas profesionales estamos acostumbrados a estos despliegues, lo cierto es que también nos surge esa fatiga en un momento de cada envite. Es cuando por mi mente pasaba algo tan sencillo como esto: «¡Cuánto daría por venir de nuevo, probar únicamente este o el otro plato —el que me trastocó mi paladar y mi curiosidad a pesar de esa fatiga—, a (sola) copa de vino y un café! Marchar feliz».
Planteado ello con la caminata previa para llegar con hambre, de esa felina —ya me entienden—, y degustar plato, vino y café en toda su inmensidad, despegado además de todo contexto del que también —y «fuera de marco»— se da cuenta en cada escrito para los curiosos.
Espero que les sirva de guía para esos momentos especiales en los que somos felices con «El Único Plato» y que el estilo, al sugerirles cada propuesta, les encante igualmente.