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La bodega Figuero, reflejo de la nueva Ribera del Duero, refuerza su compromiso con la hostelería canaria con su entrada en Lanzarote
| Hay viajes que no se miden en kilómetros, sino en raíces. Y quizá habría que revisar en qué parte del Atlántico desemboca el Duero. En el estuario de Oporto, nos han dicho siempre. Sin embargo, podemos aseverar que el Duero, en realidad, desemboca en nuestras mesas. En las de Gran Canaria, en las de Tenerife y, desde ahora, también en las de Lanzarote. Al menos la parte del Duero que más nos interesa si nos ceñimos al lenguaje gastronómico.
Y es que Figuero, la bodega familiar nacida en el corazón de La Horra, Burgos, en la Ribera del Duero, continúa expandiendo raíces entre su tierra y el mar. A la isla de los volcanes lo hace de la mano de Bodega Gayda, productora de los celebérrimos Vega de Yuco.
Su llegada a la isla supone un nuevo paso en su compromiso con la hostelería canaria, un territorio que ya la ha acogido con entusiasmo en islas como Gran Canaria o Tenerife.
El propósito es claro: acercar sus vinos al sector hostelero y gastronómico lanzaroteño, y al mismo tiempo, al consumidor que busca emoción y autenticidad en cada copa. Figuero ofrece referencias que respiran terruño, saber hacer y equilibrio; una gama de tintos 100 % tinto fino, variedad Tempranillo, que hablan con voz propia del ancestral paisaje castellano del que proceden, que rejuvenecen con brío, y que ahora dialogan con el alma volcánica de Lanzarote.
En cada botella hay una historia tejida con paciencia y respeto. Es el legado de José María Figuero, viticultor y soñador, que confió en las uvas de su tierra y en el tiempo como su mejor aliado. Aquel sentimiento germinó en sus hijos, dando vida en 2001 a una bodega que ha sabido mantener la esencia de su origen mientras abraza la modernidad.
“Lanzarote es un enclave único por su cultura gastronómica, su proyección turística y el interés creciente por los vinos con historia. Nuestro objetivo es que los profesionales de la isla encuentren en Vega de Yuco un aliado directo para incorporar nuestros vinos a sus cartas”, señala Cristina M. Figuero, tercera generación de la bodega, en conversación con Plato Canario, mientras presenta las referencias.
Desde Asomo, su roble joven y vivaz, hasta Milagros o Viñas Viejas, donde la madurez y la complejidad se entrelazan, la colección de Figuero traza un recorrido sensorial que emociona. Son vinos que reflejan una Ribera del Duero más moderna, fresca y frutal, sin renunciar a la profundidad que le es dada ni a la elegancia que caracteriza su estilo.
En su desembarco lanzaroteño, Figuero no solo trae vino: trae historia, familia y oficio. En la isla del fuego y los alisios, sus tintos encuentran un nuevo hogar donde seguir creciendo, compartiendo con cada copa la misma filosofía que los vio nacer en La Horra: la de cuidar lo que se hereda, y hacerlo perdurar con pasión.




