Platocanario.es El Pellizco (FOTO: Carles Allende)

Almeida y Suárez cruzan islas y memoria en El Pellizco

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Rigoberto Almeida y Víctor Suárez compartirán una cena inédita en El Pellizco Costa Calma, con Fuerteventura, Cuba, Tenerife y La Gomera como inspiración

>>Rigoberto Almeida sigue marcando el verano gastronómico de Fuerteventura. Después de presentar su nuevo menú Experience, una versión más ligera y refrescante de su cocina, y de poner en marcha su línea de catering, Magic Celebration by El Pellizco, el chef de El Pellizco Costa Calma suma ahora una nueva cita especial a su calendario: una cena a cuatro manos con Víctor Suárez, chef de Haydée, en el Hotel Gran Tacande de Tenerife, reconocido con una estrella Michelin y un Sol Repsol.

La cena se celebrará el sábado 11 de julio, en horario de noche, en El Pellizco Costa Calma. Será un encuentro inédito entre dos cocineros unidos por la amistad, la investigación culinaria y una forma de entender la cocina desde la emoción, la técnica y la memoria.

La propuesta reunirá por primera vez sus dos universos creativos. Por un lado, el de Víctor Suárez, construido entre Tenerife y La Gomera, isla de origen de su abuela Haydée y referencia sentimental de su restaurante. Por otro, el de Rigoberto Almeida, marcado por el viaje entre Fuerteventura y Cuba, entre el Atlántico canario y el Caribe americano.

La cena se plantea así como un diálogo entre dos chefs y cuatro islas. No solo por los productos o los platos que llegarán a la mesa, sino por la manera en que cada uno trabaja sus recuerdos, sus paisajes y sus técnicas para convertirlos en cocina contemporánea.

Víctor Suárez llevará a Costa Calma algunas de las señas de identidad de Haydée. Entre ellas, su salpicón de calamar, construido a partir de un fino tartar, vinagre macho de 25 años, kombu y garum del propio cefalópodo. También presentará su reconocido trigo barbilla, un cereal casi desaparecido que el chef ha contribuido a recuperar en el norte de Tenerife, servido con caldo de manitas de cerdo, puré de plátano a la brasa, chicharrones con gofio y crujiente de masa madre.

Suárez completará su intervención con un cherne negro, trabajado con mojo hervido y pilpil de la cabeza, y un postre en torno al gofio, el trigo barbilla y el millo, con helado, millo garrapiñado, praliné y una holandesa tibia de millo dulce.

Rigoberto Almeida responderá desde una mirada majorera abierta al Caribe. Su propuesta comenzará con una secuencia de snacks que resume buena parte de su lenguaje culinario: galleta de pescado seco con emulsión de lima, plátano fermentado en agua de coco y envuelto en hoja de menta, su particular “trufa negra canaria” a partir de la pella de gofio, pejín en escabeche majorero y una versión crujiente del estofado de cabra.

El chef de El Pellizco también servirá un tiradito de ceviche de gambas majoreras con leche de tigre de algas, una galleta aérea de gofio y pulpo, una cuchara de cabra con ensalada de tomate y gofio, y un falso queso elaborado como nube helada de lima sobre infusión de tuno indio.

La parte dulce llegará con Los sabores de mi infancia, una secuencia de petits fours formada por macaron de queso y guayaba, suspiro de coco y buñuelo de yuca bañado en almíbar y anís.

La cita llega en un momento importante para Rigoberto Almeida, que ha consolidado en Costa Calma una de las propuestas más personales de la cocina majorera actual. Nacido en Cuba, de familia canaria, el chef ha construido en El Pellizco un restaurante contemporáneo frente al mar en el que conviven la despensa de Fuerteventura, la memoria cubana y una mirada técnica formada entre la experiencia profesional, Le Cordon Bleu y el Basque Culinary Center.

Víctor Suárez, por su parte, es una de las voces más sólidas de la alta cocina canaria. Formado en cocinas como La Alquería, Martín Berasategui, MB, Heart Ibiza, Azurmendi y Nerua, hoy desarrolla en Haydée un proyecto de fuerte raíz insular, donde La Gomera y Tenerife dialogan desde una cocina precisa, personal y reconocible.

La cena de El Pellizco no se presenta como una simple colaboración entre dos restaurantes, sino como el cruce de dos trayectorias que han encontrado en Canarias un territorio de creación. Una noche para sentar en la misma mesa la memoria familiar, la técnica, el producto insular y esa cocina de ida y vuelta que entiende el Atlántico no como una frontera, sino como un camino.



FOTO: Carles Allende
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