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‘Brutal’: The great hits of food influencers

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‘It gets rid of the mouth’: los influencers han creado un lenguaje repetitivo que uniformiza la crítica gastronómica y convierte la comida en mero espectáculo

No importa si el plato es una hamburguesa grasienta de food truck, una tapa de chiringuito, un menú gastronómico de alta cocina o un café con leche servido en vaso de nocilla: en los vídeos de los influencers gastronómicos, la descripción será siempre la misma. “Esto es brutal”, “se deshace en la boca”, “es una bomba” y, of course, “el mejor que he probado en mi vida”.

El fenómeno ha sido ya hasta bautizado: bingo foodie, lo llaman. Consiste en que, como casi todos los creadores utilizan el mismo repertorio de frases para emocionar a su audiencia, el jugador debe acertar cuáles dirá durante el vídeo. ¿Que el queso se derrite? “Mira esa cremita”. ¿Que la fritura suena en el micrófono? “Súper crujiente por fuera, tierno por dentro”. ¿Que la porción es grande? “Mira lo que cuesta, y mira lo que te dan”. La puesta en escena varía poco: primer plano hipnótico del plato, un dedo que abre el pan con solemnidad y el slow motion obligatorio de la salsa cayendo.

La exageración es parte del guion. Si el bocado está rico, es “nivel Dios”. Si lleva picante, es “una locura” o su variante top: “puta locura”. Si la ración es abundante, “te quedas lleno por nada”. Y si no hay nada más que decir, siempre queda el recurso universal: “no hay palabras para describirlo”.

Los más atrevidos cruzan la frontera de lo políticamente correcto con un “de puta madre”, “jodidamente bueno” e incluso “orgásmico”. Y si la cámara se acerca demasiado al plato, la etiqueta automática es “porn food total”, aunque se trate de un croissant de gasolinera.

El resultado es un catálogo de vídeos donde lo único que cambia es el envoltorio. La narrativa se repite tanto que los espectadores podrían jugar a tachar casillas: si alguien dice “madre mía, qué pepinazo”, si aparece la frase “esto es otra liga”. Ganar el bingo es cuestión de minutos.

So, la gastronomía en redes se ha convertido en un espectáculo predecible donde cada bocado parece prometer la experiencia más intensa de la vida. Pero al final, como en un menú demasiado visto, lo que queda es la sensación de que todo sabe un poco a refrito.

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