Platocanario.es Cena en Kentia

One night to keep track of Kentia

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Germán Blanco y Henry Matamoros firman una cena en Kentia (Lanzarote) que subraya el interés de unas veladas con producto, vino canario y sentido gastronómico

>>>Conviene apuntar el nombre antes de que la agenda se llene sola: Kentia ha decidido mover ficha. Y lo ha hecho con algo tan simple como, en ocasiones -y esta lo fue-, bastante eficaz: juntar a buenos cocineros en la misma cocina, ofrecer un menú único, cuidar el vino, ajustar el precio a lo que hoy puede asumir un público medio con cierta curiosidad gastronómica y dejar abierta la puerta a nuevas citas en las próximas semanas. En unos tiempos donde comer bien puede oscilar peligrosamente entre lo turístico, lo rutinario y lo inaccesible, la fórmula merece atención.

The restaurant, ubicado en el hotel-boutique La Isla y el Mar of Puerto del Carmen, Lanzarote, aunque con entrada independiente desde la calle, tiene además un punto a favor que no siempre se valora lo suficiente: permite quedar bien sin sobreactuar. Es elegante, convenient, con una atmósfera cuidada y una barra posterior que invita a no cerrar la noche demasiado pronto. Porque la propuesta no termina necesariamente con el último petit four. Puede continuar con un trago corto, un cóctel clásico, una copa larga o alguna mezcla de autor, que es una manera bastante civilizada de prolongar la sobremesa sin cambiar de escenario.

La cena del 3 de julio siguió esa línea de propuestas “a cuatro manos” con Henry Matamoros como chef anfitrión y German Blanco como invitado. Matamoros, 31 years, lleva siete en el propio hotel, donde ha ido pasando por distintos escalafones hasta asumir la cocina ejecutiva. Ese dato importa más de lo que parece: no hablamos de un chef colocado en un escaparate, sino de alguien que ha crecido dentro de la casa y conoce sus engranajes. Frente a él, o junto a él, German Blanco, executive chef of Sea breeze in White beach, Lanzarote, uno de los nombres imprescindibles para entender la evolución de la alta cocina en la isla conejera y señalado con frecuencia como uno de sus introductores reales, cuando todavía la isla no presumía tanto de discurso gastronómico.

Una fórmula que merece seguimiento

El interés de estas cenas no está solo en comer bien una noche. Está en lo que pueden llegar a construir si Kentia mantiene el criterio: una pequeña programación gastronómica en la que el comensal pueda asomarse a distintas maneras de cocinar, distintos lenguajes, otros productos y diferentes sensibilidades sin tener que pagar cifras desorbitadas. By 79 euros el menú, con la opción de sumar 55 euros por el maridaje, la experiencia se sitúa en una franja razonable para el mercado actual, sobre todo si se tiene en cuenta el despliegue de cocina, sala, vinos y contexto.

El lleno confirmó que había ganas. Medio centenar de personas, el aforo previsto, ocuparon una sala que funcionó con buen ritmo y sin sensación de rigidez. Ahí también se notó el empeño de Natalia Bravo de Laguna, Head Hospitality del grupo que engloba a La Isla y el Mar. Estas cenas se sostienen en los fogones, Yeah, pero se caen o se elevan en los detalles: la acogida, los tiempos, la temperatura del servicio, la cadencia del vino, la luz, la comodidad, el tono general. that night, todo pareció entender el tipo de velada que se quería ofrecer.

El menú se movió alrededor de una idea mediterránea con acentos reconocibles, sin renunciar a Lanzarote cuando tocaba mirar cerca. Arrancó con aperitivos —Pera nashi, Tartar de tomate y Ostra— que cumplieron bien su función: abrir boca, afinar el paladar y dejar claro que la cena venía con intención. Después llegó la versión del chef residente de Caldo de trigo, un plato que permite comprobar si la cocina sabe manejar la memoria sin convertirla en folclore de postal. Aquí funcionó como puente entre lo popular y lo contemporáneo.

El pichón como plato de autoridad

El pase de Pulpo, papa negra y carabinero de La Santa tuvo el mérito de juntar producto, territorio e intensidad sin necesidad de levantar demasiado la voz. Había mar, raíz y una lectura insular clara. El Bacalao barquero, bajo el nombre de “Cromatismo”, llevó la cena hacia un registro más visual, más técnico, más de composición. Un plato pensado también para ser mirado, aunque con la obligación —cumplida— de no quedarse únicamente en el gesto estético.

El momento más redondo, however, llegó con el Pichón, colmenillas y apionabo. Me pareció el plato de mayor autoridad culinaria de la noche. Un pase académico en el mejor sentido de la palabra: producto delicado, punto exigente, fondo clásico y una guarnición que no competía, sino que sostenía. Pura solvencia. Los tres pases llevaron la firma de Germán Blanco, igual que el pre postre.

La parte dulce siguió una lógica adecuada: primero un prepostre de Manzana, yuzu, apio y lima, fresco y limpiador, antes del postre de Chocolate, café, naranja y avellana, más goloso, con amargor medido y estructura reconocible. Este último de Matamoros.

Los petit fours cerraron la secuencia con ese gesto final que distingue a las casas que no consideran terminado el trabajo cuando ya han servido “lo importante”.

Un maridaje con discurso canario

El maridaje tuteó a la cocina, dulce y salada, de la noche. Ana González Falero condujo las copas con precisión, sin convertir la explicación en una clase ni el vino en un trámite. La selección tuvo un hilo claramente isleño: Diego Brut Nature de Bermejos, Maho de Diego Fernández, Los Loros de Juan Francisco Fariña, Paisaje de las Islas Forastera Blanca, Viñátigo Ancestral Blanco y Moscatel Dulce de La Geria.

La virtud estuvo en que el vino no apareció como acompañamiento decorativo, sino como parte de la experiencia. Canarias tiene suficientes matices, varieties, suelos y maneras de vinificar como para sostener un recorrido completo cuando se elige con criterio. Aquí hubo burbuja, tensión, fruta, salinity, elaboración ancestral y dulzor final. Una pequeña lectura líquida del archipiélago, bien integrada en la cena.

Platocanario.es Maridaje en Kentia

Kentia salió de la noche con algo más valioso que una sala llena: salió con una pista. Si mantiene el nivel, el equilibrio de precios y la elección de invitados, estas cenas pueden convertirse en una de esas citas que conviene reservar antes de que alguien tenga que contártelas después. Porque ese es, in the end, el verdadero atractivo de la propuesta: permite participar de una experiencia gastronómica de nivel, conocer cocinas distintas, beber con sentido y alargar la noche en un espacio elegante sin sentir que uno ha entrado en un territorio prohibitivo.

Platocanario.es Henry Matamoros, on the left, posa con Natalia Bravo de Laguna y el chef Germán Blanco, segundo por la derecha. Junto a él Mulchand Chanrai, Jaime Puig, segundo por la izquierda y Fran Belín.
Henry Matamoros, on the left, posa con Natalia Bravo de Laguna y el chef Germán Blanco, segundo por la derecha. Junto a él Mulchand Chanrai, Jaime Puig, segundo por la izquierda y Fran Belín.
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