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Encuentro de los Mares cerró en Tenerife con una llamada a proteger el océano, cocinar más pescado fresco y recuperar su consumo en casa
La VIII edición de Encuentro de los Mares cerró en Tenerife tres jornadas de diálogo entre ciencia, gastronomía y sector pesquero con un mensaje claro: “el mar vale mucho más vivo que muerto”. La frase, pronunciada en la clausura por Benjamín Lana, director de Vocento Gastronomía e impulsor del congreso, resumió el espíritu de una cita que volvió a situar al océano en el centro del debate alimentario.
Durante el encuentro, cocineros, investigadores y profesionales vinculados al mar defendieron que el futuro de la alimentación depende de la salud de los ecosistemas marinos y de la capacidad de la gastronomía para conectar al consumidor con quienes viven y trabajan en el océano. La cocina apareció así no solo como espacio creativo, sino como herramienta de conciencia, educación y transformación.
Uno de los mensajes más contundentes llegó de la mano de María Luisa Álvarez Blanco, directora general de Fedepesca, la Federación Nacional de Asociaciones Provinciales de Empresarios Detallistas de Pescados en España. Álvarez alertó de la caída continuada del consumo de pescado en España, que ha pasado de 24,6 kilos por persona en 2014 a 17,99 kilos en 2025, una evolución que calificó de preocupante desde el punto de vista sanitario.
La responsable de Fedepesca puso el foco especialmente en los hogares con niños, donde el consumo de pescado es menor, y señaló la pérdida del hábito de cocinar en casa como uno de los grandes problemas. Según expuso, más de ocho millones de personas, el 41% de la población, no cocina nunca.
Álvarez también reclamó un cambio en el discurso sobre el precio del pescado. Defendió que se insiste en presentarlo como un producto caro, cuando su evolución está por debajo del IPC, y recordó que las pescaderías artesanales ofrecen cada vez más servicios para facilitar el consumo: pescado desespinado, producto listo para cocinar, reparto a domicilio, elaborados y experiencias.
En esa línea, pidió la eliminación del IVA del pescado como medida para incentivar su consumo. A su juicio, aplicar el IVA cero a un alimento saludable supondría también un ahorro sanitario. “Hay un pescado para cada paladar y para cada bolsillo”, defendió, frente al avance de los ultraprocesados.
La gastronomía como altavoz del sector pesquero fue otro de los ejes de la jornada. Eduardo Guardiola, director general del grupo sevillano El Amarre, que integra proyectos como Tribeca y Cañabota, defendió el valor de trabajar con pescado de temporada. Según explicó, no solo ofrece más calidad y mejor precio, sino que permite contar la historia del plato y del pescador.
Guardiola insistió en la necesidad de dar visibilidad y un trato justo al productor marino. Para el empresario, pequeños cambios en el precio pagado al pescador pueden marcar la diferencia entre el abandono del oficio y la posibilidad de que las nuevas generaciones continúen vinculadas al mar.
La relación emocional entre territorio, cocina y producto también tuvo protagonismo con la conversación entre Miguel Barrera, chef de Cal Paradís, en Castellón, y Alberto González Margallo, de San Sebastián 57, en Santa Cruz de Tenerife. Barrera defendió una cocina que nace del paisaje cercano, entre montaña, trufa, setas y pescado mediterráneo, mientras González Margallo definió su propuesta como “el amor entre un campesino y una sirena”, uniendo costa e interior desde la memoria culinaria.
La mirada científica reforzó el mensaje de urgencia. Ester Serrão, profesora de la Universidad del Algarve e investigadora del CCMAR, subrayó el valor ecológico y económico de los bosques submarinos, praderas marinas y macroalgas, esenciales para almacenar carbono, proteger las costas y sostener la pesca. Advirtió, además, de que cuando un ecosistema colapsa su recuperación puede tardar hasta 300 años.
Desde Canarias, el catedrático Santiago Hernández León, director del Instituto de Oceanografía y Cambio Global de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, reivindicó el papel del archipiélago como gran tesoro azul. Alertó de la presión que soportan sus ecosistemas por la sobrepesca, el turismo masivo y determinadas prácticas acuícolas, y pidió a los cocineros que ayuden a hacer atractivas especies menos valoradas para incorporarlas al consumo humano.
La investigadora Ana Gago-Martínez, de la Universidad de Vigo, abordó el riesgo emergente de la ciguatera en Canarias, una intoxicación asociada al consumo de peces contaminados con toxinas marinas. La experta recordó que el aumento de la temperatura del mar y los cambios en los ecosistemas favorecen su expansión, aunque insistió en la necesidad de comunicar sin alarmar: hay que educar a la población, pero seguir comiendo pescado.
El cierre institucional corrió a cargo de Valentín Esteban González, consejero delegado del Sector Primario y Bienestar Animal del Cabildo de Tenerife, quien defendió la necesidad de dejar el mar en mejor estado del que se recibe. Para ello, reclamó dejar de verlo solo como paisaje o despensa y empezar a entenderlo como capital natural azul.
Con esta clausura, Encuentro de los Mares volvió a reafirmar su papel como foro de referencia para pensar el futuro de la alimentación desde el océano. La conclusión fue rotunda: proteger el mar no es solo una cuestión ambiental, sino también gastronómica, económica, sanitaria y cultural.




