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Platocanario.es Gastrococtelería con Óscar Lafuente (Arehucas) y Gonzalo Calzadilla (Isla de Lobos)

Óscar Lafuente y Gonzalo Calzadilla firman una memorable noche de gastrococtelería

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Ron Arehucas e Isla de Lobos, restaurante del Hotel Princesa Yaiza (5* GL en Playa Blanca, Lanzarote), se unen para poner en valor el cada vez más presente maridaje con cócteles

Cada vez es más común afrontar un menú degustación maridado con cócteles.  Al arte de mezclar alta gastronomía y coctelería lo llaman gastrococtelería. Por una vez, y sin que sirva de precedente, no ha habido necesidad de buscar ningún palabro para su definición. Ni acudir al Oxford English Dictionary para ver qué encontramos por ahí.

No hay mejor definición, sin embargo, que poder constatarlo con los cinco sentidos. 

Esta vez la experiencia sensorial se alojó en los salones del Isla de Lobos, el restaurante gastronómico del Hotel Princesa Yaiza, un 5 estrellas Gran Lujo en Playa Blanca, Lanzarote. Su chef, Gonzalo Calzadilla (1 Sol en la Guía Repsol y mejor chef de Canarias en 2019), cocinó para que Óscar Lafuente de Blas, Mejor Coctelero del Mundo de Ron 2024 y Embajador Global de Destilerías Arehucas, hiciera de las suyas.

Los orígenes de la gastrococtelería hay que buscarlos en el auge de la coctelería moderna y la evolución de la cocina contemporánea. Algunas fuentes ubican su nacimiento y expansión a principios de este siglo y en ciudades como Londres, Nueva York, Tokio o la más cercana Barcelona. Lugares donde la combinación de la creatividad culinaria y una creciente cultura de cócteles ha dado pie a este tipo de experiencias.

Caña, zafra, molienda, fermentación y destilación

Estos cinco conceptos relacionados con el universo ronero sirvieron de enunciado para un menú de siete pases. La creatividad y mano firme en los fogones de Gonzalo Calzadilla empezaron a mostrarse con tres aperitivos tipo finger foods (ahí sí que acudo a la lengua de Shackespeare para definir el bocado que se come con las manos). Un Macaron de pimienta rosa relleno de cabra que la sabia cabecita del bartender Óscar Lafuente de Blas quiso que se mojara con «El agua de la vida», que no es otra cosa que la particular agua que se utiliza en Destilerías Arehucas para elaborar su preciado líquido. Una hoja de shiso le aportó el toque a menta-picante-amargo-ácido-dulce.

Platocanario.es Macaron de pimienta rosa relleno de cabra con El agua de la vida.

A partir de ahí, la noche se abrió al disfrute. Siguió un Taco de papa con trucha de los pirineos y mahonesa de jalapeños y una Croqueta de yuca rellena de conejo en salmorejo que Lafuente quiso maridar con un cóctel elaborado con Arehucas Blanco Selección Familiar con el verde de una hoja de bambú y finísimas tiras de chile.

Los primeros cubiertos se utilizaron para llevar al paladar un sutil Calamar de queso de la Finca de Uga relleno de arroz ibérico sobre una salsa de foie y unas gustosas Lentejas de Lanzarote con pichón y beterrada. Ahí la mente inquieta del Mejor Bartender del Mundo de Ron le multiplicó las sensaciones con un mix con base en el Blanco Selección familiar y fruta de la pasión con la chisposa sal Tajín a modo de crusta.

Platocanario.es Calamar de queso de la Finca de Uga con arroz ibérico y beterrada

La parte salada del menú diseñado por Calzadilla contemplaba un impecable Royal de cochinillo propio de la Finca de Uga con salsa cazadora y láminas de hongo fresco. Le acompañaba un muy serio cóctel de Arehucas 12 años Selección Familiar. En este pase, y en el postre, se ejemplificaron, como en ningún otro, las horas de dedicación de Calzadilla y Lafuente de Blas para cuadrar unos maridajes de altura.

Platocanario.es Royal de cochinillo de la Finca de Uga con un Arehucas 12 años Selección Familiar

El postre, decíamos, completó el círculo del entendimiento entre los dos profesionales: Babá al ron con sorbete de ajo negro, anacardos y trufa, propuso el chef;  una suerte de Tarta de mora líquida con su Arehucas 12 años Selección Familiar, fue la respuesta del bartender. Todo junto, un postre sólido, líquido, dulce, salado, ácido, crunchie, meloso… que debería ir ya, por los restos, siempre unido.

Platocanario.es Postre del menú degustación de gastrococtelería

Difícil imaginar mejor colofón. O si. Porque la última propuesta, los Petit Four de cortesía, contemplaban la opción de ser regados con el exclusivo Arehucas 18 Años Selección familiar ahumado con virutas de las propias duelas de la barrica donde reposó. Irrebatible punto y final.

Y todos a casa. Y bien. Porque la gastrococtelería, que parece haber venido para quedarse y aparecer con mayor frecuencia, no consiste en probar exquisitos bocados mientras te pones ciego de ron. De hecho, la presencia alcohólica en las propuestas está más que pensada y es mínima, precisamente, para un mayor y más completo disfrute.

Así lo demostraron los profesionales del Isla de Lobos y el equipo de las Destilerías Arehucas muy bien representado por la anfitriona, Ana Ares, delegada en Lanzarote y siempre muy atenta a las nuevas tendencias.

Platocanario.es Óscar Lafuente de Blas, a la izquierda, agachado, con chaquetilla verde, junto al equipo del Isla de Lobos
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